miércoles, 2 de septiembre de 2015

Sobre las causas y sus consecuencias.

Pasos, decisiones, tropiezos. A eso estamos destinado desde que los astros decidieron que signo íbamos a llevar marcado siendo este un simple juego de niños. Desde ese momento, nuestro camino estará solamente formado de piedras que nosotros mismos vamos poniendo. No hay nada mas: el para mi axioma de causa efecto es perfectamente aplicable en la vida de un ser humano. Cierto es que a veces no podemos prever la consecuencia de un acto, pero nadie dijo que Hume fuese irrefutable (ya que no afirmaba la existencia del elemento causal), ni se ha podido demostrar fielmente que se equivocase. Otro grande dijo que conocemos a priori el tiempo y el espacio, mas la existencia de conocimientos a priori es más bien fe, al igual que el conocimiento a posteriori de la vida. Como razón y fe son polos opuestos y habiendo dejado esos conocimientos a priori como cuestión de fe, podríamos decir que el tiempo y el espacio son intuición, usando la connotación que Kant dio a dicha palabra. Demostrado ha quedado que un bebé no percibe el espacio tal y como nosotros lo percibimos, y dudo que sea consciente del tiempo. Pero este texto no viene únicamente a cuestionar el concepto Kantiano del conocimiento.

Toda filosofía es refutable, al igual que toda doctrina, pensamiento, ideología o forma de vida. De lo único que estamos seguros es de que da igual como vivamos; llegara un punto en el que toda nuestra percepción humana será nula. Al menos más allá de lo ya nombrado como refutable.
Dicho esto, todo lo que diga a continuación se cae por su propio peso pero mi intención no es crear un axioma de vida ni, por consiguiente, de una posible vida tras la muerte. El como se alcanza la felicidad es una cuestión tan inalcanzable como el conocimiento de una mano creadora y, según que lenguas, motora. Las pequeñas reflexiones que a continuación se ofrecen no son más validas que las ofrecidas por tu propio intelecto. Solamente pretendo llamar a tu razón y dejar claro que hay mas de una forma de actuar.



Costosamente empezaré por lo que nosotros consideramos el final, dejando en claro que no se puede asegurar que hubiese un primer motor creador que pusiese en marcha el interminable mecanismo de motores y móviles. Sin poder dar argumentos más convincentes que los provenientes de un supuesto santo de ese supuesto primer motor: ¿por qué tenemos que condicionar nuestra vida para poder vivir otra? Esta idea se cae por su propio peso. Toda acción tiene su consecuencia y un conjunto de acciones llevan a un conjunto de consecuencias que te forman como persona. Teniendo en cuenta que, con un poco de vista, todas o la mayoría de consecuencias son cuanto menos previsibles: ¿podemos prever alguna consecuencia despues de la vida que sea producto de nuestras acciones en ella? Recordemos que la consecuencia lleva inscrita algo que de cierta forma conocemos, ya que si no, lo llamaríamos suposición. ¿Podemos suponer la existencia de un motor creador y de una vida después de la terrenal? Por supuesto. La cuestión radica en que no podemos ni siquiera suponer que eso es una consecuencia de la vida terrenal.

Digamos que la vida es un camino, y da igual si vas hacia arriba o hacia abajo ya que, aunque lleve a distintos destinos, ninguno es una consecuencia de dicho camino. Y en caso de que lo fuese no podemos ni siquiera llegar a conocer cual es esa consecuencia, al igual que no podemos vislumbrar el destino. La causa es el camino, pero el destino es indefinido y no podemos saber si el destino es una consecuencia de la causa, el camino. Quizás caminemos hacia arriba y lleguemos a un paraíso o caminemos hacia abajo y nos caigamos, o viceversa.



Una vez dicho esto, solamente queda decir que no podemos basar la vida pensando que esta va a ser la causa de una supuesta consecuencia tras la muerte. Debemos basar nuestra existencia en pequeñas decisiones, causas, que nos lleven a distintas consecuencias barajando siempre las distintas posibilidades. Cierto es que algunas causas pueden llevar a consecuencias inesperadas, pero al menos tenemos cierta seguridad de que al menos una consecuencia de una causa es la que hemos previsto. Seguridad que, como he dicho antes, no tenemos ante una consecuencia de la vida mas allá de esta.

Por lo tanto, tomar las decisiones que os conduzcan a una consecuencia final, a algo que sea vuestra meta. La experiencia dice que, aunque tengamos siempre un grado inimaginable de incertidumbres, casi todas las podemos prever, o al menos creemos que lo hacemos. Y os sorprendería si os dijese que no solemos equivocarnos (y cuando lo hacemos, la experiencia nos impedirá volver a hacerlo).

No debéis condicionados por algo que ni siquiera podéis prever ya que nadie ha llegado a una consecuencia (más o menos probable) de que vuestra vida sea una causa de una posible post muerte.

Aun así, toda filosofía, pensamiento y religión se caen por su propio peso. De hecho, todo lo creado por el ser humano es refutable salvo quizás las ciencias formales, mas no quiero inmiscuirme en ese campo.

Acabo citando cierto fragmento de poema el cual ya habréis recitado mientras leíais esta pequeña reflexión, aunque no se refiere exactamente a lo que yo intentaba hacer ver:

"Caminante no hay camino, se hace camino al andar" -Antonio Machado-

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